Hay un relajo en el salón de clases: los estudiantes se avientan lápices, gomas,  plumas y libretas. Estefanía, niña de 14 años, delgada, de pelo castaño, ojos cafés, estatura media, y tímida, está en su banca escribiendo un poema. Ve muy cerca de ella las sombras de unas piernas en el piso; de abajo hacia arriba observa la figura delgada de su compañero Francisco: joven de 15 años, de su misma estatura, piel blanca, pelo negro corto y ojos cafés, quien al verla de frente, le sonríe con malicia. Ella se intimida. Él le da una cachetada.

─ ¿Qué te pasa?- pregunta ella casi llorando.

─ ¡Cállate! pendeja

Ella explota, se levanta y lo empuja. La vuelve a bofetear y ella lo empuja más fuerte. Llegan los amigos de Francisco: Manuel y Sebastián. El primero tiene 15 años, es alto, de pelo chino corto y castaño; el segundo, de su misma edad, rubio de pelo chino y corto, alto y delgado. Entre los tres le gritan y la golpean. Ella no puede hacer nada, las burlas lo abruman. De repente, el escándalo es interrumpido por la profesora:

─ ¡Qué pasa aquí!─grita la maestra. Muchacha dulce, de ojos azules, pelo rubio y delgada.

Ellos se detienen.

─ ¿Estás bien?

─ Sí ─ dice sollozando. Tiene enmarañado el pelo y el uniforme sucio y roto.

La profesora, parada frente a los alumnos, los regaña.

─ ¡Respeten a su compañera! ¡siempre la fastidian!

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En el baño, Estefanía se ve en el espejo, sus lágrimas resbalan por sus mejillas. Escucha los frutos y coces de quienes la han insultado ahora y cuando era niña. Cierra los ojos: ¡cállate estúpida! ¡te molestamos cuando queremos! ¡eres una estúpida!

Abre los ojos. ¿Por qué siempre me molestan? ¿por qué?

Pasan unos minutos. Escucha un taconeo. El rostro de la profesora aparece en el espejo. Ve a la chica llorar y la consuela apretando ligeramente su brazo.

─ Estefanía ¿estás bien?

─ No, ya estoy harta de que siempre me fastidien─ dice frustrada.

─ No te preocupes. Hablaré con tus compañeros. Sé que es algo difícil para ti. Te prometo que haré todo lo posible para que te dejen en paz.

─ Gracias

─ Vámonos al salón.

 

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La clase finaliza. Al salir del salón, la chica ve a sus tres enemigos jugando a golpearse. Con miedo, los oye. Francisco gira y la ve fríamente. Ella se intimida y despacio se aleja.

 

 

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Las nubes grises opacan el día y Estefanía va a su casa. Camina cabizbaja y llora sin percatarse de los autos y de la gente. Sólo piensa en lo ocurrido en la escuela y en vengarse de sus compañeros.

 

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Llega a su casa. Se dirige a la cocina y toma un cuchillo. Va a su recámara y se ve en el espejo, toca el cristal con la punta del objeto metálico. Escucha a sus compañeros: te odio. Eres una pendeja que no vale nada. Idiota.

Se mira con detenimiento.

─ Me las van a pagar. Ahora van a saber quién soy.

 

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En el salón, observa a Francisco, quien platica con sus amigos. La ignora. Minutos después comienza la clase. Su enemigo la vigila, la observa burlón, le hace ademanes y golpes cuando la maestra escribe en el pizarrón.

Al final, cuando la maestra sale, Francisco va hasta su banca y la molesta como todos los días: le arrebata la mochila y la avienta al pizarrón. Estefanía se levanta enojada:

─  ¿Qué te pasa idiota? ¡deja mis cosas!

─ ¡Ay! qué miedo, la niña tonta ya se reveló.

Estefanía sale al pasillo y los chicos la siguen. Francisco la agarra del brazo y la empuja. Ella se levanta y saca de entre su falda el cuchillo y se lo entierra en el estómago a su atacante. Francisco grita de dolor. Se hinca lentamente y se coloca las manos en la herida, agacha la cabeza y ve la sangre derramada en sus palmas.

Algunos de los estudiantes se asombran al ver lo que hiso Estefanía; Manuel y Sebastián se lanzan sobre ella, la golpean y suelta el cuchillo. El escándalo de los estudiantes se escucha por toda la escuela. Disimuladamente, Estefanía toma su arma. Llega la maestra.

─  ¡Qué pasa aquí!

Todos guardan silencio; la maestra saca su celular y llama a una ambulancia. Afortunadamente hay un hospital cerca de ahí, así que llega en cinco minutos.

 

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Empieza la cuarta clase. La directora: alta, piel arrugada y pelo negro llega al salón.

─ Buenas tardes, profesora ¿puede dejar salir a Manuel, Sebastián y Estefanía?

 

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En la oficina de la directora, ella les pregunta qué fue lo que pasó.

─ ¿Qué les pasa jóvenes? ¿ahora resulta que tenemos vándalos?

Estefanía los mira de reojo. Pobres idiotas, ahora si les va a ir mal.

Los otros la ven tímidamente. La directora le pide a Estefanía que la acompañe afuera.

En la sala de espera, la víctima finge llorar.

─ Estefanía ¿cómo te sientes?

─ Muy mal, maestra, asustada.

Ella la abraza.

─ No te preocupes, todo se va a arreglar.

Bien, jóvenes, debido a lo ocurrido, están expulsados. Ya es intolerable que agreden así a su compañera. No podemos permitir que se hieren entre ustedes. Están expulsados.

─ No puede hacernos esto, ella hirió a Francisco─ dice Sebastián.

─ Sí, pero lo hiso en defensa propia.

La profesora se queda con Estefanía que tenía las lágrimas en la cara.

─ Ya no te molestarán más, Estefanía. La directora los acaba de expulsar─ dice la maestra.

Ella llora mientras sonríe por dentro.

Estefanía, tranquila, llega al salón y algunos compañeros la ven atónitos. Se sienta en su lugar y sonríe con maldad viendo al pizarrón pensando en lo que hiso sin sentirse culpable.